Las 5 preguntas más frecuentes sobre el colesterol

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Colesterol, arterias con hamburguesas. - Getty Images / iStock / Ralwel

Prácticamente todos somos conscientes de que la palabra ‘colesterol’ lleva asociada una connotación de falta de salud, de estilo de vida nocivo pero difícilmente evitable. No obstante, el conocimiento sobre el mismo es escaso, y las lagunas de desconocimiento se rellenan con tópicos e inexactitudes.

Así lo defiende Luis Masana Marín, doctor en Medicina y especialista en Medicina Interna y expresidente de la Sociedad Española de Arteriosclerosis en ‘El Colesterol. Controlar sus niveles para fortalecer el organismo’ (Amat Editorial), un manual en el que intenta resolver las principales dudas que existen sobre el mismo.

Para empezar, este experto explica que sin el colesterol no podríamos vivir, ni tampoco existiría la especie humana, ni ningún otro miembro del reino animal. “Es una sustancia inherente a la existencia de nuestra especie. Es una molécula grasa absolutamente necesaria para el organismo de los animales en general y de la especie humana en particular”, agrega.

Además, precisa que el organismo humano no tiene mecanismos metabólicos para destruirlo y, como mucho, lo modifica mínima-mente para que se excrete mejor, a través del hígado, por la bilis, y desde ahí al intestino y las heces. “Esta excreción se realiza como colesterol sin más o después de una ligera modificación metabólica que los transforma en ácidos biliares. Este es el colesterol que puede depositarse en la vesícula biliar y formar las piedras o cálculos que tantos problemas dan a muchas personas”, advierte Masana.

El doctor en Medicina avisa, eso sí, de que su presencia en la bilis no debe considerarse nociva, puesto que ahí ejerce una de sus funciones, la formación de ácidos y sales biliares, muy importantes para la digestión ya que actúan como “el jabón” y disuelven las grasas que comemos, permitiendo que el amasijo graso de nuestra alimentación se disgregue de forma adecuada para poder ser absorbido.

A su vez resalta que es necesaria para la estructura de todas y cada una de nuestras células y que facilita la formación de hormonas y de componentes de la bilis esenciales para la digestión. ¿A qué viene, entonces, su mala fama?

“Los problemas asociados al colesterol aparecen cuando se encuentra en cantidades superiores a las normales. Viaja por la sangre pasando de un tejido a otro, del hígado a los músculos, a las arterias, a los pulmones, al corazón, y al resto de tejidos, dado que en todos ellos es necesario, y cuando en este ir y venir la cantidad que circula por la sangre es superior a la necesaria surgen los problemas”, agrega.

El colesterol excesivo, según explica el especialista en Medicina Interna, se deposita en la pared de los conductos sanguíneos, en las arterias, produciendo una pátina de grasa que va creciendo con el paso del tiempo hasta taponarlas. Si se ocluyen las arterias coronarias, que son las que permiten que se alimente el músculo cardíaco, se produce el infarto de miocardio, una enfermedad potencialmente mortal. “Por ello, sin colesterol no existiríamos, pero con un exceso de colesterol podemos morir”, alerta Masana.

TIPOS DE COLESTEROL:

Sobre los tipos de colesterol que existen, la Fundación Española del Corazón explica que la sangre conduce el colesterol desde el intestino o el hígado hasta los órganos que lo necesitan, y lo hace uniéndose a partículas llamadas lipoproteínas, que hay de dos tipos: De baja densidad o LDL, encargadas de transportar nuevo colesterol desde el hígado a todas la células de nuestro organismo; y las de alta densidad o HDL, que recogen el colesterol no utilizado y lo devuelve al hígado para su almacenamiento o excreción al exterior a través de la bilis.

Según esta interacción podemos hablar de dos tipos de colesterol:

  • Colesterol malo: el colesterol al unirse a la partícula LDL se deposita en la pared de las arterias y forma las placas de ateroma.
  • Colesterol bueno: el colesterol al unirse a la partícula HDL transporta el exceso de colesterol de nuevo al hígado para que sea destruido.

En cuanto a los síntomas del colesterol en la salud, Masana advierte de que se trata de un “enemigo silente”, y a pesar de que sus concentraciones en la sangre suban mucho, no da ningún síntoma. Eso sí, recuerda que nuestro organismo tiene formas de alerta ante las agresiones. “Aumenta su temperatura provocando fiebre ante un proceso infeccioso o muestra dolor ante una lesión. Es la forma de llamar la atención y poner los mecanismos de defensa en marcha. El colesterol no dispara ninguna alerta, realiza su acción nociva de forma silente, a lo largo de muchos años, de manera lenta pero constante”, subraya.

Es más, el especialista en Medicina Interna sostiene que cuando el colesterol produce síntomas, probablemente habremos llegado demasiado tarde para prevenir su efecto. “Los síntomas serán los propios de las enfermedades arteriales: la angina de pecho o el infarto de miocardio, que se expresan con dolor en la región del tórax, o la trombosis cerebral, que se traduce con dificultad para hablar o realizar ciertos movimientos”.

Sobre si es hereditario el colesterol, afirma que las elevaciones anómalas de colesterol pueden ser de origen hereditario en un 15 o un 20% de los casos. Se conoce como ‘hipercolesterolemia familiar’, que se produce en una de cada 200 personas, y representa el 5% de todas las elevaciones de colesterol. S los padres tienen esta alteración, el hijo tiene un 50% de probabilidades de heredarla.

EVITAR EL COLESTEROL

A la hora de evitar el colesterol, Masana subraya que ya que las causas del colesterol elevado son múltiples, como ciertas enfermedades endocrinas, hepáticas y renales, la diabetes, hasta algunas medicinas o alteraciones propias del metabolismo, antes de actuar hay que conocer cuál es el origen de sus elevadas cifras.

Seguidamente, este experto considera que si la causa es hereditaria se necesitará tratamiento farmacológico, mientras que en otros no será necesario. “Pero independientemente de la causa, será importante actuar sobre los tres pilares de la prevención cardiovascular: la alimentación, el ejercicio físico y el tabaco. Una alimentación incorrecta puede aumentarlo, así como la obesidad derivada en parte de la inactividad física. El tabaco, además, puede bajar los niveles de coelsterol bueno”, sentencia.


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