Día Mundial de NO fumar: Qué funciona, y qué no, para dejar de fumar

El 80% de fumadores quiere dejar de serlo, pero más de la mitad de los que lo intentan, fracasa

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Dejar de fumar provoca alteraciones cognitivas que revierten a los pocos días. Foto: Marc Bruxelle / Getty

Hoy, 31 de mayo, se celebra el Día Mundial sin Tabaco para concienciar del problema del tabaquismo, una enfermedad crónica que afecta a más de 1.200 millones de personas en todo el mundo y que, según la OMS, provoca la muerte de seis millones de personas al año, adicción que produce dependencia a la nicotina y que suele iniciar usualmente antes de los 18 años de edad.

El consumo de tabaco en Venezuela disminuyó en un 50% durante los últimos ocho años, según las estadísticas que dio a conocer la Sociedad Anticancerosa de Venezuela (SAV) este jueves.

El doctor Juan Saavedra, gerente general de la SAV, alertó que en el país se han registrado para la fecha 4.250 muertes a causa de esto, a pesar de que hay una reducción considerable del consumo del tabaco que para 1984 era de 49% y en la actualidad es de 10,8%.

Saavedra asegura que “no han disminuido los indices de pacientes con cáncer de pulmón, porque para eso se necesitan entre quince y veinte años para que empiece a tener el efecto que deseamos pero si el consumo de tabaco no se hubiese reducido, los índices del mismo serían peores”.

Sus estudios indican que el 12% de los venezolanos que están por encima de los 40 años padece de una “Enfermedad Obstructiva Crónica (Epoc) que se asocia directamente al consumo de tabaco.

Muchas formas de dejarlo

Por eso, aunque hay muchas formas de dejar de fumar –a las bravas y con mucha fuerza de voluntad, con acupuntura, hipnosis, láser, jarabes de hierbas, chicles, inhaladores o parches de nicotina…– los expertos explican que el método que mejor funciona, a más largo plazo y con menor riesgo de recaída, es el que combina un tratamiento farmacológico para la adición física con una terapia de deshabituación tabáquica para tratar la dependencia psicológica y social, aumentar la motivación y reducir la ansiedad.

La psicóloga Mònica Granados, responsable de los programas de deshabituación tabáquica de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) de Barcelona, asegura que el tratamiento psicológico tiene una efectividad del 50% (al año), mientras que combinado con el tratamiento farmacológico, alcanza el 70%-75%.

Y comenta que la mayoría de personas que no logra dejar de fumar es porque tienen dependencia física de la nicotina y no la tratan, y esa adición les dificulta la adherencia al tratamiento psicológico, se saltan sesiones, no siguen las pautas… Añade, además, que cuando lo pasan mal, las personas escuchan más a la adición que a su voluntad, no creen tanto en ellos mismos, piensan que no van a poder… y renuncian a dejar de fumar.

Por contra, dice Granados, con un buen seguimiento psicológico se puede trabajar la motivación, la autoestima y la autoeficacia, ayuda a reducir la ansiedad, a desarrollar nuevas habilidades conductuales y a controlar el estrés y, de esa manera, a la persona le resulta más fácil mantener la abstinencia del tabaco.

Lo cierto es que hay personas que han logrado dejar de fumar sin más, de un día para otro. En un momento de su vida tomaron la decisión y se mantuvieron firmes en ella a fuerza de mucha voluntad y de aguantar su mal humor y ansiedad durante algún tiempo.

Dejar el tabaco con la ayuda de un médico y de un psicólogo es un proceso más largo y complejo, aunque también menos duro y con más posibilidades de éxito. “Nuestro programa de deshabituación consta de nueve sesiones iniciales, una por semana, y el día D, el que realmente dejas de fumar, se decide en la cuarta sesión; y tras esafase de nueve semanas, realizamos tres sesiones más de seguimiento: a los tres meses del día D, a los seis, y al año, si bien la persona puede contactarnos en cualquier otro momento”, detalla Granados.

El primer paso o sesión es una entrevista psicológica, en la que a través de un test de motivación constatan que la persona está realmente convencida de dejar de fumar antes de un mes. También le muestran con una cooximetría la cantidad de monóxido de carbono que expira debida al tabaco, y evalúan con otro test sudependencia física de la nicotina y, si la tiene (que es lo más habitual), le recomiendan que acuda a un profesional sanitario, médico o farmacéutico, para que le aconseje sobre el mejor tratamiento farmacológico para ello.

Además le proponen una serie de ejercicios a realizar hasta la próxima sesión para conocer sus hábitos con el tabaco: apuntar todos los cigarrillos que fuma, dónde se fuma cada uno, si estando solo o acompañado…; hacer una lista de sus motivos para dejar de fumar más allá de la salud; apuntar los temores sobre cómo será su día a día sin cigarrillos…

El tratamiento farmacológico

Respecto al tratamiento farmacológico, el doctor Díaz-Maroto explica que existen tres opciones: la terapia sustitutiva (chicles, parches, caramelos o inhaladores de nicotina), el bupropion y la vareniclina. Estos dos últimos fármacos –que requieren receta médica–, actúan bloqueando los efectos placenteros de la nicotina en el cerebro.

“Para recomendar una terapia u otra es importante hacer un buen diagnóstico de cada fumador, de sus características, de si tiene otras patologías, toma otros medicamentos… Y lo importante es que se haga el tratamiento de la forma y duración adecuada”, comenta el especialista de Semergen.

A modo de ejemplo explica que los chicles de nicotina, contrariamente a lo que hacen algunas personas que quieren dejar de fumar, no se han de masticar de forma continuada, porque entonces se digiere la nicotina, y no pasa a la sangre. Agrega que, en el caso de la variclina, el tratamiento se debe mantener tres meses, pero hay personas que al mes lo dejan porque se sienten bien y creen que ya han superado el tabaquismo, y luego recaen. Por ello, Díaz-Maroto insiste en utilizar estos tratamientos bajo supervisión médica o, como mínimo, siguiendo las indicaciones de un profesional sanitario.

Las tres opciones farmacológicas –terapia sustitutiva, bupropion y vareniclina– son, según el experto de Semergen, efectivas, y el hándicap es a menudo su coste, por lo que muchas sociedades médicas reivindican que los financie la sanidad pública, ya que a medio y largo plazo resultan rentables por las muchas enfermedades que evitan. E incluso para los afectados resulta rentable el gasto si cuentan lo que ahorrarán en tabaco una vez dejen de fumar.

El tratamiento psicológico

En el ámbito psicológico, Granados explica que, tras la entrevista inicial, la segunda y la tercera sesión de tratamiento se dedican atrabajar la motivación y a conocer los propios hábitos de consumo de tabaco, a acordar una rebaja gradual del número de cigarrillos y a dar pautas para controlar el estrés, trabajar la relajación, y saber qué comer cuando la ansiedad provoque hambre o ganas de dulce.

Luego, en la cuarta sesión, se fija el día D y se dan instrucciones para afrontarlo: “Es importante que la persona se levante pensando ‘hoy no fumo; mañana no lo sé’, para reducir la ansiedad que provoca pensar que no fumarán nunca más”, dice la psicóloga. Y entre la quinta y la novena sesiones trabajan las emociones, el estrés, la autoestima, y van reforzando cambios de hábitos (por ejemplo, romper la asociación entre café y cigarrillo). Además, en la sexta sesión, cuando la persona lleva dos semanas sin fumar, le repiten la cooximetría para que constate la mejora en su organismo y se motive a continuar.

Granados comenta que todo este proceso también resulta más fácil“si uno, más allá de la salud, se fija un objetivo concreto para dejar de fumar, y la motivación económica es útil y funciona: por ejemplo, se puede decidir guardar el dinero que ya no se gasta en tabaco para ir a un restaurante con estrellas michelín con la pareja, o, si se fuma mucho, incluso destinarlo para un viaje”. Asegura que esas motivaciones ayudan a centrarse, a aguantar en los momentos difíciles, y a recordar que “las ganas de fumar a los cinco minutos se van”.

Los médicos y psicólogos consultados coinciden en que quien intenta dejar de fumar debe tener en cuenta que “una caída, el consumo esporádico de un cigarrillo, no quiere decir que haya recaído y vuelva al consumo habitual; si hay una caída, uno se levanta y continúa en la línea de no fumar, que es la decisión personal que ha tomado”.

También están de acuerdo en que no es buena idea “vapear” para dejar de fumar. “No es un buen método, porque mantiene el hábito del cigarrillo, que es el que tenemos que eliminar; y si lo que se quiere es utilizarlos para ir reduciendo la dosis de nicotina, para eso ya están los chicles, los parches o los inhaladores de nicotina, que son medicamentos seguros y eficaces, mientras que los cigarrillos electrónicos no han pasado tal supervisión”.

Con informacion de La Vanguardia


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