“Comencé mi viaje con miedo e incertidumbre, irse de Venezuela no es lo que uno desea” Comenta José, un caminante venezolano

La historia de un caminante venezolano

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La ola de migrantes venezolanos se reanuda ante la pandemia por covid-19 y el desastre económico y político del país, José es uno de tantos que ha decidido probar suerte en otro país desde Ospino a mediados de septiembre de este año, con $60 USD en el bolsillo empezó su travesía, en la primera alcabala cuerpos policiacos le pidieron $15 USD para permitirle su viaje. Esta es la historia de un inmigrante acarigueño, lo llamaremos José para mantener su identidad anónima.

En el camino se encontró con varias personas que también querían pasar la trocha colombo-venezolana, con el dinero en su bolsillo gastaba solo en comida, cuando estuvo frente a la frontera ya no tenía recursos económicos, su bien más preciado era su pasaporte únicamente. Una vez en El Amparo se reunió con un amigo de un vecino que es guardia, lo llevó a una casa en pésimas condiciones a pasar la noche, al día siguiente durante el camino un colectivo amenazó a su compañero de viaje con electrocutarlo con una máquina porque pensaban que contrabandeaban estupefacientes, después del mal rato se dirigieron a Arauca.

De ahí se transportaron hasta el Caserío La Luz en un carro que pagaron entre varios a un precio regateado, un par de días después se fue a Panamá de Arauca en busca de un mulero que lo llevara hasta Bogotá, esta misión fue reclinada, nadie quería llevarlo por la pandemia, así que siguió caminando algunos tramos y otros en moto hasta Tame.

Un señor se ofreció a llevarlo, la policía los detuvo pidiendo documentación, ante la negativa, lo sacó del carro -Agarre sus bolsos y se regresa para Venezuela- él lloroso comienza a rezar e hincarse esperando un milagro, trecientos metros después devuelta a Venezuela los mismos policías le dieron luz verde para continuar con su travesía.

Un camión platanero lo acogió y lo llevó hasta Sogamozo, a eso de las tres de la mañana el frío le calaba en los huesos sin la vestimenta adecuada; se separó del grupo de caminantes para continuar solo, pedía cola pero nadie se detenía por el covid-19 y la inseguridad. Llegó a Paipa caminando, el resultado de la mala alimentación, falta de sueño y demasiados kilómetros recorridos provocó desvanecimiento y diarrea; luego de recobrar el sentido se tomó un refresco que le habían regalado con anterioridad.

Continúo poco a poco, preguntando direcciones en un país desconocido para él, uno de los habitantes le afirmó que si subía la montaña se encontraría a un señor que ayudaba a los venezolanos; en el transcurso algunos se burlaban, dos kilómetros arriba en la cima comprendió que era una broma de mal gusto. Allí le indicaron que no era cierto, así que él del cansancio se durmió en la acera, en medio de la noche estaba urgido de un baño pero no había, así que no le quedó de otra que hacerlo en la calle.

Un vecino lo vio, buscó un arma de fuego y lo apuntó, José logró zafarse, sin embargo, durante su estadía en Paipa sufrió persecución como método intimidatorio. Dos kilómetros abajo veía que era víctima de intimidación, asustado se fue a un supermercado visible de todos en caso de un secuestro.

Se despojó de todas sus pertenencias para poder tener mayor movilidad, el muchacho se enfrentó, a lo que le respondieron: Ten cuidado con quien te metes aquí en Paipa. Un policía se le acerca, él le explica la situación, a lo que este responde: Si te quieren matar, nosotros te desaparecemos, no te queremos aquí.

Caminó hasta cansarse, durmió en la calle, al día siguiente continuó hasta Tunja, diez kilómetros después un señor le dio la cola un pequeño tramo, ya deshidratado y con una pérdida de peso notable, un empleado de una estación de servicio le brindó medicamentos para reponerse y parar la diarrea.

Luego de cinco días, más de 70 kilómetros a pie y 4 kilogramos menos, llegó a la capital colombiana. Se comunicaba con su familia a través de teléfonos prestados en vía, el suyo lo vendió previamente para costear el viaje.

José recomienda alejarse de la policía a menos que sea sumamente necesario, en el caso de ser mujer tener mucho cuidado. Y “la próxima vez que envíen dinero a Venezuela quien reciba agradezca, cada peso es muy difícil ganárselo en estas condiciones”.


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