5 de noviembre de 1605: 415 años de la conspiración de la pólvora

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Foto: Referencial / Andrew Denny

La conspiración de la pólvora fue un complot fallido organizado por un grupo de provinciales católicos ingleses liderizado por Robert Catesby y Guy Fawkes para matar al rey Jacobo I, a su familia y a la mayor parte de la aristocracia protestante. La operación estaba prevista llevarse a cabo explotando las Casas del Parlamento durante la Apertura de Estado el 5 de noviembre de 1605. Los conspiradores habían planeado secuestrar a los infantes reales, no presentes en el Parlamento, e incitar una rebelión en las Midlands.  

Esta medida pretendía ser la señal para un gran levantamiento de los católicos ingleses, descontentos por las severas medidas penales adoptadas contra ellos, que finalizaría con la instalación de un rey obediente al Papa en el trono inglés. Realizados los preparativos, el Gobierno descubrió la conjura, que acabó con la ejecución de la mayor parte de los conspiradores y sirvió de pretexto para un endurecimiento de las medidas anticatólicas. El complot de la pólvora fue uno de una serie de tentativas de asesinato fracasadas contra Jacobo I, que siguieron al Complot Principal y al Complot ¡Adiós! de 1603. Muchos creen que la conspiración de la pólvora fue parte integral de la llamada Contrarreforma católica. 

El 5 de noviembre de cada año, se celebra en el Reino Unido, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Terranova, Canadá, San Cristóbal y Nieves, algunas partes de Estados Unidos y antiguamente en Australia el fracaso del complot. Allí se conoce como la Noche de Guy Fawkes, la Noche de la Hoguera y la Noche de los Fuegos Artificiales. El descubrimiento a tiempo de la conspiración (5 de noviembre de 1605) impidió el derrocamiento de la dinastía protestante de los Estuardo, personificada en Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia, y la entronización de un monarca católico, previsiblemente su hijo el príncipe Carlos, debidamente instruido en los dogmas católicos. 

Este hecho tuvo un impacto importante en las tradiciones británicas pues en inglaterra sigue con su tradición introduciendo elementos relativamente nuevos como los fuegos artificiales y la costumbre entre los niños de pedir a los mayores “un penique para el muñeco” que acaban de fabricar. Las medidas de seguridad han obligado al gobierno británico a prohibir la venta de petardos a los menores de edad. En la trastienda de la noche de Guy Fawkes se hallan bien presentes la hostelería, el comercio y, desde luego, los juerguistas. 


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