¿Quién no recuerda a Mitar Nakichenovich?

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Mitar Nakichenovich, Premio Nacional de Conservación (1959) por reforestar la Laguna de los Muertos. Foto: Wilfredo Bolívar

“Baqueano de la conservación”, lo llamó el Presidente Rómulo Betancourt en 1960, para enaltecer su labor como protector de la flora y la fauna, sobre todo en Portuguesa. Por considerarlo hoy más que nunca de actualidad, transcribiré a continuación las extraordinarias palabras que el Dr. Pablo Herrera Campins le dedicó a Mitar Nakichenovich en 1993, resaltando su ejemplo y poniendo en relieve su ilustre nombre. “Hace 52 años, procedente de Yugoslavia, llegaba a Venezuela un joven alto, delgado, bien parecido, de nombre Mitar Nakichenovich. En delante, se llamará Mitar, y, con el correr de los años, su acriollado nombre se pronunciará con respeto, afecto y admiración.

Desde el inicio de sus actividades fueron notorias las sobresalientes cualidades personales y profesionales de Mitar. Su amor por la naturaleza, sus sentimientos de protección a las plantas, suelos, agua, fauna, debieron de gestarse en la infancia, en el ambiente hogareño de sus padres agricultores, allá en su pueblo natal de Kotor, a la vista del hermoso paisaje de la costa Adriática y de la fértil campiña circunvecina, esmeradamente cultivada. La inquietud juvenil, canalizada en curiosidad por explorar nuevos horizontes, lo llevó a atravesar el Atlántico y luego de un corto periplo por varios países suramericanos, llega a Venezuela en 1931. Es bachiller, graduado de Técnico Forestal. Tiene 27 años de edad. Desde 1936 y por espacio de 33 años, fue funcionario del Ministerio de Agricultura y Cría.

Trabajó en la reforestación del Avila en las inmediaciones de la Quebrada de Macarao, en los viveros de Coro, en el Parque Bararida de Barquisimeto y en el Parque Rancho Grande de Maracay, bajo la dirección del sabio Henry Pitier, etapa ésta de aprendizaje y de reafirmación de su vocación al lado de su insigne maestro. Pero fue en Portuguesa donde Mitar cumplió la mayor de su obra conservacionista. Reorganizó y tecnificó los viveros forestales, centro de producción y distribución de millares de árboles para utilización de los organismos públicos y privados en sus labores de reforestación.

Efectuó trabajos de investigación para adaptar variedades foráneas a nuestro medio y mejorar especies vernáculas maderables u ornamentales. Sin embargo, su realización máxima, de mayor trascendencia ecológica, fue la reforestación de seiscientas hectáreas en la cabecera y márgenes de la Quebrada de Araure, por largo tiempo principal fuente del acueducto de las ciudades fraternas de Acarigua y Araure. Sembró más de 300 mil árboles de 44 especies diferentes. Desde entonces el caudal de la Quebrada se ha mantenido y aun aumentado, comprobación experimental de lo que significa proteger los nacimientos de los cursos de agua. Dentro del bosque quedó incluida la célebre “Laguna de los Muertos”, en cuya proximidad ocurrió en 1813 la Batalla de Araure, dirigida personalmente por el Libertador. El poeta Alberto Arvelo Torrealba hablando del bosque decía que “era una bella selva de fronda tupida y troncos domesticados, donde hallamos innumerables especies traídas de otras latitudes”. Todo alternado con magnífico aporte de savia criolla: sesenta y ocho mil mijaos, treinta y seis mil jabillos, veintiocho mil apamates, doce mil caobos y millares de otras plantas: sombras para seis millones de metros cuadrados, marchitos antes por el sol de la llanura. A menudo cuando uno se interna en lo más intrincado, de la joven arboleda, nos sorprende el trote de un venado o el vuelo de un paují, o el brinco de una ardilla, o la ardorosa acrobacia de los araguatos, animales liberados por Mitar en la espesura. Tienen allí también su reciente domicilio lapas, chiguires, báquiros, chácharos, picures y varias clases de monos, a más de los rezagos de la fauna originaria.

La conservación, defensa y mejoramiento del ambiente en beneficio de la calidad de vida, proclamada por la ley orgánica del Ambiente, es tarea que nos compromete a todos, con mayor razón si carecemos de tradición conservacionista y no se imparte educación continua desde la infancia para formar conciencia de respeto y amor a la naturaleza. Necesitamos armonizar racionalmente la utilización de los recursos naturales con los objetivos del desarrollo. Combatir la conducta deteriorante, agresiva y hasta criminal en relación con la naturaleza. Evitar las nuevas situaciones de contaminación ambiental, el daño a los ecosistemas, producidos por el empleo indiscriminado de la tecnología industrial y por la explosión demográfica. Los recursos naturales renovables son indispensables para el desarrollo agrícola y pecuario, para el progreso industrial, para el crecimiento urbano, e innecesario es decirlo, para la supervivencia de la especie. Recursos naturales y renovables y agricultura mantienen estrecha inter-relación. Suelos fértiles, agua suficiente, fauna equilibrada, constituyen factores fundamentales para la provisión de alimentos y de materias primas agroindustriales. Tales factores a su vez dependen del comportamiento frente a los árboles, frente a los bosques, siendo éstos controladores de la evaporación y verdaderos paraguas protectores de los suelos y de las cabeceras de los ríos. Lamentablemente, las talas y las quemas indiscriminadas, por el efecto del tradicional cultivo del conuco, y más todavía, por la abusiva explotación maderera, ajena al cumplimiento de la Ley, explica la crisis del recurso agua, de amenazante peligro por el deterioro mostrado en las últimas décadas De allí que cuando surge una personalidad como Mitar, imbuida de preocupación, celo y amor por la naturaleza, ansiosa de comunicar entusiasmo y sentido crítico a la colectividad, merezca reconocimiento y gratitud. Conductas así trascienden la inmediatez de sus acciones para proyectarse al porvenir. Y con huellas indelebles quedan grabadas en la memoria de los pueblos.

¡Quién no recuerda a Mitar al contemplar el bosque de la Quebrada de Araure; al gozar de la multicolor floración de apamates, araguaneyes, acacias, chaparros, trinitarias; el disfrutar del frescor de los sombrereiros! Cada árbol sembrado por Mitar es un monumento natural que perpetuó su nombre en el transcurrir de las generaciones.. Fue un servidor público ejemplar, modesto, callado, retraído, cordial, estricto cumplidor de sus deberes, sin limitaciones de horario y supervisor permanente de las cotidianas actividades. Mitar concentró en el árbol todo el caudal de sus afectos, de su exquisita sensibilidad, de su fe inquebrantable, de su pura emoción por la maravilla de la naturaleza. Dispensaba ternura a cuanto se relacionaba con el reino natural. Para él, maltratar a un árbol era como golpear a un niño, circunstancia que a su carácter bondadoso le hacía reaccionar con encrespada violencia. Mitar es otro representante de una pléyade de ilustres conservacionistas, venido de más allá de los mares, para proclamar la magnificencia de la naturaleza y señalar los peligros que la amenazan: Humbold, Bonpland, Codazzi, Ernst, Jahn, Pittier, Phelps, Vogt, Croizar, Eichler, han dejado obra perdurable en la historia natural nacional. Es obvio que el homenaje también se extiende a los notables conservacionistas venezolanos, del pasado y del presente, empeñados en salvaguardar la riqueza natural, otorgada con magnificencia, para el disfrute de todos en el correr de los tiempos. El Sendero de los Conservacionistas en el Centro de Investigación y Educación Ambiental “Ricardo Montilla” en Pozo Blanco, estado Portuguesa, el cual es una plausible iniciativa del Presidente Luis Herrera Campins, se inaugura como homenaje a Simón Bolívar conservacionista, en el año bicentenario de su nacimiento. Hace 158 años, el Libertador dictó el Decreto de Chuquisaca en Bolivia, plenamente vigente por el concepto de protección integral e interdependencia que señala entre las aguas, la vegetación y los suelos.

En otros Decretos Bolivarianos se hace referencia a la agricultura como actividad básica para la prosperidad nacional e inseparable su éxito de la conservación de los recursos naturales renovables. Mitar fue Premio Nacional de Conservación en 1959, recibió además y la condecoración Francisco de Miranda y el Título de Perito Forestal ad honorem. Hoy día llevan su nombre el Parque Mitar, bosque protector de la Quebrada de Araure, la Plaza Mitar en la Fundación Mendoza en Acarigua; el Grupo Ecológico del Liceo Páez en la misma ciudad. En 1940, convencido de la generosidad de esta tierra abierta al inmigrante, adquirió la nacionalidad venezolana. Integrado a su esencia espiritual se sentía orgulloso del gentilicio de la patria grande y de la patria chica portugueseña. El Presidente Betancourt, en el mensaje al país con motivo del primer año del gobierno en 1960, mencionó su nombre como estimulante gesto a su labor conservacionista. Lo llamó “baqueano de una obra que estamos realizando en todo el país, una obra silenciosa, no espectacular”. Esta honrosa referencia, complacido la recordará Mitar durante toda su vida. La muerte lo sorprendió en plena faena, en el escenario de su diario quehacer, rodeado de esa frondosa y variada vegetación sembrada por él y sus abnegados colaboradores en el transcurso de muchos años de apasionada misión. Contaba 65 años de edad. Con motivo de su fallecimiento en 1969, me correspondió el honor de hablar en el Senado de la república para proponer un acuerdo de duelo, el cual fue aprobado por unanimidad, en justiciero reconocimiento a quien como Mitar representó un valor de la nacionalidad en el área de la conservación de los recursos naturales renovables. Venezuela honra a sus hijos ilustres, cualquiera que sea la actividad que han enaltecido. Tuve el privilegio de compartir largamente su amistad. Y con estas sinceras palabras sólo he aspirado a exaltar su memoria, a divulgar sus realizaciones y a rendirle el más merecido homenaje a su nombre y a su obra ejemplar.

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