Las siete verdades del cigarro electrónico

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Referencial

Desde su creación, los cigarrillos electrónicos no han logrado definir su objetivo y público. Mientras unos afirman que son para disminuir la adición al tabaco, otros aseguran que son la puerta de entrada para crear una adicción, pero hay una tercera corriente que dice que inclusive son más peligrosos que los cigarrillos tradicionales.

1.- no son un producto nuevo

Que hayas empezado a verlos ahora no quiere decir que sean una novedad. Los cigarrillos electrónicos llevan ya quince años en circulación. Fue en 2003 cuando comenzaron a comercializarse en China bajo la marca Ruyan. Su creador fue el farmacéutico Hon Lik, quien se decidió a desarrollarlos después de la muerte de su padre por cáncer de pulmón. A Europa llegaron en 2006 y el boom en España se produjo en 2011.

El doctor Carlos Jiménez, director del programa de investigación de tabaquismo de SEPAR (Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica), señala que “cada vez están teniendo más ventas en el mundo, especialmente en los países en los que existe una mayor regulación al consumo de tabaco normal”. En ese grupo se incluye España, donde la Ley Antitabaco de 2011 prohíbe fumar en lugares públicos.

“En cierto modo responde a una estrategia comercial. Al no poder fumar en sitios públicos, mucha gente trata de dejarlo. La mayoría lo hace por ella misma pero hay otros que tienen especial dificultad y por eso buscan alternativas”, apunta el doctor Francisco Camarelles, Secretario de la Junta Directiva del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (CNPT).

2.- sí, es cierto contienen sustancias cancerígenas

Éste es uno de los puntos más polémicos en lo que a los cigarrillos electrónicos se refere, porque hay todavía un gran desconocimiento sobre su composición y el efecto nocivo de ésta.

Sin embargo, estudios recientes señalan que la nicotina de los cigarrillos electrónicos podría convertirse en sustancias químicas dañinas para el ADN, según indica una prueba hecha con ratones. Los científicos estudiaron el efecto del vapor del cigarrillo electrónico en ratones sanos y células humanas y llegaron a la conclusión de que puede aumentar el riesgo de sufrir cierto tipo de cáncer, así como enfermedades que afectan al corazón. Los investigadores han descubierto que la nicotina inhalada generada por los cigarrillos electrónicos puede dañar el ADN del corazón, los pulmones y la vejiga, además de amortiguar los mecanismos de reparación genética del cuerpo.

El grupo de científicos liderado por Moon-shong Tang, profesor de Medicina Ambiental en la Universidad de Nueva York, dijo que los cambios en el ADN eran similares a los relacionados con el humo del tabaquismo pasivo, pero agregó que se necesita continuar con las investigaciones para precisar el aumento en el índice de cáncer del vapor de los cigarrillos electrónicos. “Los resultados pueden tardar años porque el cáncer es un proceso muy lento”, explicó el profesor.

Adicionalmente, cabe señalar que no es la primera vez que los expertos advierten sobre el riesgo cancerígeno que supone el uso del cigarrillo electrónico. En el 2014, un grupo de investigadores japoneses alertó de que el vapor de algunos cigarrillos electrónicos contenía agentes cancerígenos. En el 2015 una organización estadounidense para el monitoreo sanitario, la FDA (Food and Drug Administration -Administración de Alimentos y Medicamentos-), denunció que estos productos contienen químicos cancerígenos. Asimismo, en el 2016, un estudio realizado por investigadores de la Universidad Baptista de Hong Kong afirmaba que los cigarrillos electrónicos tienen más de un millón de veces sustancias cancerígenas que el aire contaminado.

“Algunas marcas liberaban cantidades detectables de nitrosaminas, compuesto cancerígeno que también se encuentra en el humo de los cigarrillos convencionales y muchos de ellos liberan un compuesto químico llamado dietilenglicol (se usa como anticongelante en los coches) y por lo que no puede afirmarse alegremente de que solo liberan “vapor de agua”. Tampoco hay que olvidar que algunos tienen nicotina, que es una sustancia adictiva.” FDA, Estados Unidos

3.- produce problemas respiratorios a corto plazo

Aún no se pueden determinar los efectos en un futuro lejano pero ya se pueden sacar conclusiones a corto plazo. Lo señalaba un artículo publicado en 2012 por la revista científica Chest donde se enumeraban diversas lesiones pulmonares ocasionadas por su consumo. Lo recoge también un reciente estudio de la Sociedad Americana de Neumólogos, que hace hincapié en los efectos adversos para los pulmones y la capacidad respiratoria.

En las personas que usan cigarrillos electrónicos aumenta la resistencia bronquial. Esto quiere decir que el bronquio disminuye de tamaño y entra una menor cantidad de aire en los pulmones“, explica el doctor Carlos Jiménez, que matiza que ocurre también con los cigarros convencionales.

4.- no, no ayuda a dejar de fumar

La mayoría de sus consumidores son fumadores que quieren dejar el tabaco, pero esto no asegura su éxito. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió en 2011 que no hay ninguna evidencia que lo demuestre. “En este momento sigue sin haber estudios concluyentes de que sea eficaz para dejar de fumar”, asegura el doctor Camarelles. La revista Lancet publicó una investigación con resultados poco alentadores. De una muestra de 657 personas solo el 7,3% de los usuarios dejó de fumar gracias a los ecigs, aunque sí es cierto que la mitad consiguió reducir el consumo del tabaco convencional.

El informe del CNPT sobre los cigarrillos electrónicos apunta que además de no ser eficaces para dejar de fumar “pueden tener un efecto indeseable de retener a fumadores en el consumo de nicotina y en mantener la dependencia gestual del cigarrillo”. La revista British Medical Journal advierte también del peligro que supone la falta de legislación que permite “vapear” donde no se puede fumar. El director de marketing de NJOY, una de las primeras empresas en comercializar e-cigs en EEUU, ensalzaba en The New York Times su papel ‘renormalizador’ del tabaco: “permite a los fumadores ahora exiliados en las aceras entrar de nuevo en los edificios”.

El doctor Camarelles rechaza su uso y apoyo otros métodos alternativos que sí han demostrado su eficacia: “Funcionan los fármacos como chicles, parches, comprimidos bupropion -antidepresivos- y vareniclina, a la vez que la ayuda psicológica”.

5.- son una forma de iniciarse en el consumo

Si dejamos aparte el hecho de que no sirven para dejar de fumar, sus consecuencias a corto plazo y el desconocimiento sobre sus efectos futuros, aún podemos encontrar un peligro más. “Lo que sería más grave es que se está convirtiendo en una forma de que algunos jóvenes se inicien en el tabaco”, señala Camarelles haciendo alusión a un informe publicado en septiembre por el CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades). Según éste, el porcentaje de adolescentes que usan e-cigs en Estados Unidos es bajo pero está aumentando rápidamente.

En 2012 el 6,8% de los jóvenes de entre 11 y 18 años admitió haberlos probado frente al 3,3% en 2011. El problema reside en que no todos los que admitieron haber “vapeado” eran fumadores convencionales. Esto hace temer que podrían atraer clientes que no solo buscan una manera de reducir el consumo de tabaco. El citado informe señala que es la variedad de sabores lo que puede resultar más atractivo a los jóvenes no fumadores iniciándolos así en el consumo de nicotina.

6.- se desconocen los daños que provocan al fumador pasivo

Si los efectos sobre “vapeador” activo son casi una incógnita, mucho menos se sabe qué puede ocurrir con el pasivo. Este grupo de gente, libre de humo desde la entrada en vigor de la ley de 2011, se expone al “e-humo” en lugares cerrados sin saber si es o no perjudicial para su salud. “Piensa que el primer estudio del humo ambiental del tabaco que establece sus peligros es de 2006, muy reciente. Pasarán muchos años para demostrar que es perjudicial también para el que está al lado del “vapeador”, recalca el doctor Camarelles.

7.- está prohibido en menores

Como ocurre con el tabaco tradicional, está prohibida su venta a menores de 18 años. A partir de esa edad todo el mundo puede comprar uno y los lugares para hacerlo son muy variados. Hasta finales de octubre se vendían en centros comerciales, tiendas especializadas y a bordo de un avión de una compañía low cost, pero el Comisionado para el Mercado de Tabacos aprobó el día 28 de ese mes su venta en estancos por ser “artículos de fumador”.

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