El glamuroso otoño de Chanel

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¿Dejaron de existir las estaciones para la moda? Chanel demostró este martes lo contrario, al presentar en París su colección más otoñal, rica en estampados vegetales que se funden en un bosque de árboles desnudos.

No hay colección sin escenografía para el diseñador Karl Lagerfeld y esta vez transformó el majestuoso Grand Palais en un bosque otoñal, tapizado por un lecho de hojas secas y musgo. Tras haber recreado un paisaje exuberante de cascadas y un exquisito jardín francés en sus dos últimos desfiles, el káiser de la moda se apegó de nuevo a la naturaleza.

Aunque las casas de moda siguen trabajando por estaciones, lanzando sendas colecciones anuales (primavera/verano, otoño/invierno), las fronteras entre ambas se vuelven cada vez más porosas, como si la moda fuera a la vez reflejo de los desarreglos climáticos.

Pero Chanel compuso este martes una oda al otoño con prendas de abrigo en tonos ocres, rojizos y marrones, y estampados de hojas y flores.

Lagerfeld eligió a las modelos Julia Ratner, Hoyeon Jung y Nina Marker para encarnar la colección, también presentada en la pasarela por Cara Taylor y Kaia Gerber, hija de la topmodel Cindy Crawford.

– A tono con la naturaleza –

Un elegante abrigo gris luce aplicaciones de hojas doradas, negras y grises, que cubren los hombros y el pecho, combinadas con botones dorados. La abertura de la prenda deja entrever unas botas altas, de color ocre brillante, como si fueran a conjunto con las hojas esparcidas por el suelo.

Estas mismas botas se combinan con un vestido largo de tweed, emblemático de Chanel, adornado con mangas y cuello de terciopelo anaranjado.

Un estampado de grandes flores sobre fondo negro luce en una chaqueta de hombros anchos y en un vestido de mangas abombadas, que se lleva con varios collares de perlas, un clásico de Chanel.

Los vestidos negros de encajes y organza combinados con largos mitones de colores chillones componen las piezas más sensuales, mientras un abrigo de piel corto se combina con un vestido blanco con hojas negras y ocres y medias de fantasía brillantes. Foto: AFP / Patrick Kovarik

Las bufandas naranjas y rojas aportan un toque “sportswear” e incluso un par de abrigos acolchados hacen irrupción en la colección, que también da amplia cabida a los bolsos, que se llevan apoyados en el antebrazo, con los mismos estampados que los abrigos.

Los vestidos negros de encajes y organza combinados con largos mitones de colores chillones componen las piezas más sensuales, mientras un abrigo de piel corto, con aplicaciones de flores otoñales, se combina con un vestido blanco con hojas negras y ocres, medias de fantasía brillantes y zapatos de cordones dorados.

Lagerfeld salió brevemente a saludar al término del desfile y el público pudo comprobar que el diseñador octogenario conserva la barba blanca que estrenó hace un par meses y que fue objeto de debate en las redes sociales, al tratarse de su primer cambio de imagen en dos décadas.

Las actrices Keira Knightley y Geraldine Chaplin y la cantante Lily Allen no quisieron perderse esta tradicional cita de la moda y lugar de encuentro de la jetset mundial.

La actriz británica Keira Knightley posa antes de ver el desfile de Chanel en París, al que asistieron otras caras conocidas como Geraldine Chaplin y Lily Allen. Foto: AFP / François Guillot

La Semana de la Moda de prêt-à-porter finaliza este martes, en una jornada que estará marcada igualmente por el desfile de Louis Vuitton.

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  1. LOS CENCERRONES DE LA PARRILLA Después de la vendimia terminada solíamos echar una jornada. En las viñas, buscando el cencerrón, y de la mula llenando el serón. Eran días hermosos y otoñales con las hojas muriendo en los parrales. Negreando lo que quedó en la vid de estos campos gloriosos de Madrid. Así era la vendimia del sin tierra, del que lucha en la vida y no se aterra. Y aparta los abrojos del camino variando los designios del destino. Volvíamos a casa con la carga armados con la lanza y con la adarga. Del esplendor fulgente del racimo que nos daba calor junto al arrimo. Del leño incandescente de la lumbre y el porrón heredad de la costumbre. Convertido en el mosto que hace al vino fortalecer el ánimo cansino. Según la sabia opinión de los viejos, duchos en vinos jóvenes y viejos. Legatarios de una secular ciencia la voz universal de la experiencia. Y pisábamos la uva en una artesa anclada y sustentada por la mesa. Tosca bodega en el angosto hogar, decimonónico ancestral lagar. Luego aquel caldo iba a la tinajilla calzada con las patas de una silla. Permitiendo al tiempo hacer su labor, dándole al mosto solera y sabor. La abríamos la noche de difuntos al amor del fuego asando castañas, los cuatro en mi casa todos juntos con mi padre contándonos hazañas. Saturnino Caraballo Díaz El Poeta Corucho

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