¡Bochinche, Bochinche!

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Hace ya 206 Años que el generalísimo Francisco de Miranda pronunció estas amargas palabras al ser sorprendido entre gallos y medianoche por un grupo de venezolanos que so pretexto de traición a la patria, lo entregaban como chivo expiatorio ante las autoridades españolas como principal culpable de la perdida de la entonces naciente república; hoy parece resonar desde las profundidades de la historia la amarga frase de Miranda “Esta gente sólo sabe hacer Bochinche”, pues si nos detenemos un instante a buscarle pies y cabeza a la situación actual del país, no hay concepto que encaje más que el de Bochinche y uno bien grande que parece cada día tener menos caminos para devolvernos al orden natural de la vida en sociedad.

El ciudadano común, el de a pie, es un reflejo en micro de la funcionalidad de sus instituciones y los personeros que las representan, sería ilógico pedirle al pueblo sin más ni menos, orden, serenidad, rectitud, civismo, paciencia y honestidad, cuando los entes que deberían representar las manifestaciones y voluntades del soberano, son un verdadero circo que para colmo de males se regocija en mediatizarlo a través de la televisión, los diarios y las redes sociales.

Sentarse frente al televisor o leer las noticias en búsqueda de información veraz es algo parecido a buscar una aguja en un pajal, podríamos ver por horas y horas desfilar a personajes de todo tipo defendiendo lo indefendible y adecuando las leyes, los procedimientos y las acciones arbitrarias de unos y otros con la simple finalidad de no darle la razón al bando contrario; la separación de poderes y las atribuciones de los mismos se mueve entre dimes y diretes, que confunden, desconciertan y hasta molestan en demasía la paciencia casi infinita del venezolano.

Ninguna estructura logra sustentarse en medio de la anarquía, de no regularizarse el orden constitucional y las formas dignas de hacer y vivir la política en detrimento del show politiquero actual,  este bochinche podría convertirse en una bola de nieve tan gigantesca que se lleve consigo los valores que aún conservamos como sociedad; no se trata simplemente de hacer reformas y cambios para sustituir otras que no funcionan, es más bien un proceso de cambio de actitud colectiva que emane desde las altas esferas políticas del país y que se manifieste en una sensación para el ciudadano común de que el estado derecho, los órganos civiles, las instituciones y los procesos dialógicos entre las fuerzas vivas de la nación sean tomados con la seriedad que ameritan semejantes responsabilidades.

Nuestro país es inmensamente rico en tantos aspectos, pero sin duda alguna la mayor riqueza es el carácter noble de quienes la habitamos y de nuestra capacidad para reírnos hasta de nuestras propias desgracias; sin embargo y como dice el adagio popular, todo en exceso es malo; nunca dejará de ser positivo el hecho de que como pueblo tengamos la capacidad de reírnos y tomar por el lado amable las discrepancias, desaciertos y particularidades de nuestros gobernantes, la cosa se pone seria y nociva cuando son nuestros gobernantes quienes comienzan a reírse del pueblo al que representan y dan campo abierto a la posibilidad de que toda la patria se convierta en un verdadero Bochinche.

Richard Rico
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